Mireia Ruiz de Cocolia

Colores cálidos, blanco frío

Imagina una realidad monocromática. Blanco o negro, y en medio, el gris. Cemento, cielos blancos y adversos, paredes anodinas. En ese contexto, el color es todo un acto de rebeldía. Si fuese así, el estudio Cocolia sería el líder de la insurrección. Capitaneado por Mireia Ruiz, este estudio tiene un sello personal e inconfundible en el que el color es la única norma. Y por lo tanto, la calibración perfecta del espectro cromático es la obsesión de la que es una de sus fundadoras. Directora de arte, fotógrafa, profesora en el IDEP y especialista en Set Design (Cocolia fue pionero en dejar su huella en este campo), Mireia Ruiz ahora, además, se ha lanzado a la aventura de diseñar joyas junto a Klimbim y pronto nos sorprenderá hasta con un libro. Su universo tonal es frío, saturado y brillante. Colores que se traducen de manera fiel en el modelo PD3200U de BenQ, en su gama para diseñadores gráficos. Y con él, nos colamos en su estudio y conocemos los entresijos de su historia. Una historia llena de pinceladas, de topos, líneas rectas e ideas traducidas a átomos. T: Antonella Sonza / F: Eva Villazala


Eres directora de arte, fotógrafa, tienes un estudio de diseño y eres profesora, además has diseñado una colección de joyas con Klimbim. ¿Cuántas Mireias Ruiz diríais que conviven a la vez?
Todo empezó porque llevaba mucho tiempo trabajando como diseñadora gráfica para un estudio y la monotonía me hizo abrir la mente. Era diseñadora gráfica, pero me gustaban otras cosas como pintar, o encontrar objetos y darles una segunda oportunidad. Y entonces, sin querer y a la vez queriendo, apareció el tema de trabajar más la fotografía para inmortalizar el objeto que había pintado. También llegó, como una nueva vía de trabajo para el estudio, el set design, una dirección de arte pensada para fotografía en redes sociales. Y ahí, pillamos el boom del momento. Por otro lado yo insistía en trabajar mi propio estilo, pintando. Y las redes sociales me dieron una oportunidad para mostrar mi trabajo sin tener que dar muchas más explicaciones de por qué no me apetecía solo etiquetarme como diseñadora. De hecho, el diseño gráfico me ayuda. Pero estoy en una etapa de mi vida donde quiero diversificar. Entonces sí, somos unas cuantas Mireias, aunque hay algunas que han desparecido, como la que iba al gimnasio o la que quedaba con su mejor amiga (risas).




¿Cómo combinas el trabajo con Cocolia y tu propio sello como Mireia Ruiz? ¿Lo concibes como algo separado o todo lo contrario? Intento aprovechar las dos vías. Algunos clientes, como marcas, se sienten más cómodos trabajando con la estructura de estudio. Pero realmente, mi gran frustración es que yo hubiera estudiado Bellas Artes. Yo quería pintar, y aún quiero ser pintora. Pero pasa que, siendo realista, y un poco miedosa, no me atrevo a ponerlo todo a la misma carta. Por eso, de momento el tiempo ya me irá guiando mientras tenga proyectos como directora de arte, porque yo pinto cuando no tengo trabajo del estudio. Todo lo que hago es como muy impulsivo, como una terapia, ante el trabajo del día a día.

Cuentános: ¿cómo fue eso de crear un estudio de la nada hasta llegar a asentarte? Cocolia nació de la necesidad absoluta. Antes de la crisis, Raúl [Ramos, cofundador del estudio y actual co-director del festival Blanc] y yo estábamos trabajando como estudio en Vilanova y la Geltrú, y entonces no había necesidad de hacer nada experimental. Se trataba de hacer un buen trabajo. En el momento en que todo estalló, decidimos cambiar, necesitábamos hacerlo para atraer a nuevos clientes. Los que teníamos hasta el momento eran administraciones públicas, y ahí fue donde se notó más la crisis. Por eso, Cocolia nace de la necesidad de reinventarte o morir. Y antes, nos preguntamos: “como diseñadores gráficos, ¿estamos a gusto? ¿Qué es lo que nos gusta realmente?”. A mí me gustaba pintar y a él, el graffiti. Y así nació. También tuvimos referentes a nivel europeo, estudios que nos abrieron la mente. Porque en sus webs mostraban trabajos de diseño gráfico, pero también de fotografía y de arte. Y a mí aquello me explotó el cerebro porque aquí, a nivel educativo, se hacía mucho hincapié en que el diseño no es arte. Sin embargo, eso no quiere decir que los caminos en algún momento no se entrelacen y que las inspiraciones sean flechas que se tiran de un lado a otro. El arte es una fuente de inspiración, puesto que es libertad. No tienes briefing. Eso fue lo que nos empujó a hacer este tipo de estudio, algo mucho más experimental. Y el nacimiento del concepto “set design”, por el que somos conocidos, casi fue casual, por la propia necesidad del mercado. Muchos no entendían que hiciéramos fotos a gente con pintura en la cara o cosas así. Pero cuando empezaron a ver que hay marcas que se interesaban, que pedían la conceptualización de una sesión de fotos, el mundo empezó a entender a dónde íbamos.




Si hay alguna característica que define tu trabajo es el uso del color para construir realidades. ¿Qué te aporta trabajar con un monitor que reproduce con exactitud la gama de colores como el PD3200U? Como digo, soy muy obsesiva con el color, y me he visto gratamente sorprendida al ver cómo los calibra este monitor. Para las fotos de Instagram, me suelo mandar las fotos al móvil para ver bien los brillos y sobre todo cómo quedan los blancos y lo he visto muy a la par. El brillo y el contraste del monitor también me gustan mucho.

Realizando un recorrido a tu obra, vemos la heterogeneidad, variedad y diversidad en cada proyecto. ¿Hasta qué punto es importante el diseño ergonómico y versátil del monitor PD3200U que permite el giro de 90 grados para poder trabajar con la pantalla en vertical? Esta es una de las características que más me ha gustado. En mi espacio suelo hacer algunos eventos o presentaciones, por lo que veo la posibilidad de ponerla en vertical y dejarla en modo presentación. Su tamaño es perfecto.




Estudiaste en BAU y ahora eres profesora en el IDEP ¿Qué consejo les das a los alumnos, que te hubiera gustado escuchar a ti en aquella época? Mi consejo principal es que hagan cosas. El verdadero creativo no es el que se queda en el mundo de las ideas, sino el que transforma ideas en átomos, en algo físico. A veces tienes muchos miedos o proyectos en tu cabeza que son castillos en el aire. Además, en las profesiones de diseño el concepto es algo muy importante, pero se deja de lado la experimentación. Yo siempre les hablo de la parte izquierda del cerebro, de que te puede emocionar un material y no una idea o un concepto. Tienen que permitirse ese privilegio, el del artista, de trabajar con las cosas. Que se inspiren en el método del artista, en su proceso creativo, y que trabajen de un modo más irracional. Porque el peligro de racionalizarlo todo es no experimentar ni probar cosas. A mí me ha pasado, experimentar con materiales, enseñar el resultado, y de pronto venir una marca y pedirnos un proyecto con ese material en concreto. Consigues hacer el briefing al revés. Tú te lo inventas y el cliente viene. Y esto es también interesante. Y es posible.

“El verdadero creativo no es el que se queda en el mundo de las ideas, sino el que transforma ideas en átomos, en algo físico”

Y en el sentido más práctico, en tu día a día, ¿qué herramientas te son imprescindibles? Fabrico las cosas a mano, las pinto. Por tanto la primera parte es muy física, muy plástica. Utilizo aerosol, acrílicos, etc. Tengo también una cortadora de madera, y todo ese tipo de material. Luego viene la parte de la fotografía, donde necesito otro material. Y la última parte es la edición, con la que llevas la imagen a otro nivel. Porque si haces una buena foto, puedes multiplicar su valor. En ello, es importante el ordenador y la pantalla; soy bastante obsesiva con la saturación de colores. Son horas pegada a la pantalla, decidiendo.

Imagino que tienes muchos proyectos entre manos, ¿qué tiene que tener un proyecto para que te motive a implicarte y poner tu sello? Depende. Si vienen para un trabajo bien pagado dentro del estudio, en principio no tengo problema en hacerlo. Cuando me lo ofrecen a mí por separado, tengo que sentirme identificada con la línea que me proponen o con la marca.

Y cuéntanos, ¿con qué proyecto estáis ahora, tanto Mireia Ruiz, como Cocolia? Pues como Cocolia estamos planteando un libro sobre Set Design para la editorial Gustavo Gili. Era una oportunidad que no quería perder. Por una parte, porque te sirve como reflexión sobre lo que haces, y por otro, porque la gente realmente tiene muchas ganas no solo de ver lo que haces, sino también de saber cómo lo haces. Y como Mireia y Sus Cosas, de momento tengo que pintar varios cuadros que tengo encargados. Y, por otro lado, estoy muy metida en la promoción de mi colección junto a la firma Klimbim. Pronto sabréis más.